artículos académicos

Más allá del oír

Desde que el primer homínido caminó por las planicies, tuvo que escuchar el sonido de la naturaleza: el trinar de los pájaros, el sonido del mar. Es por eso que decimos que el sonido es uno de los fenómenos naturales más cercanos a la humanidad.

Si el sonido es unos de los fenómenos más próximos al ser humano; por ende, el sentido que permite captar, transformar, e interpretar el sonido es uno de los más importantes para nosotros, y ese es el sentido de la AUDICIÓN.

Y no es que quiera alabar y restar importancia al resto de sentidos, pero es que por medio de la audición es que podemos estructurar gran parte de nuestra vida como ser humano, si no analicemos, unos de los primeros sentidos que desarrollamos y con el que empezamos nuestra interacción social es con el auditivo, desde el vientre de la madre, por eso puedo alegar que somos seres auditivos desde que nacemos.

Somos sujetos auditivos desde el nacimiento

Si pudiera expresar su pensamiento, entenderíamos que nadie mejor que un bebé para explicarnos la dependencia del sentido del oído. En las primeras etapas de nuestra vida, el sentido auditivo resulta primordial, porque constituye la principal vía de enlace con el mundo, incluso cuando nos encontramos en el vientre materno. Los bebés reconocen claramente la voz de la madre y responden a ese estímulo desde sus primeros días de vida. El mundo del bebé es el reino del sonido, todo gira en torno a los referentes sonoros que estimulan la audición. En definitiva, cuando el sentido de la vista aún se está desarrollando, el puente de unión del niño con la sociedad es el sonido. Es más, cuando el sentido visual comienza su evolución y adquiere un papel predominante, el oído continúa desempeñando una función esencial ahora en la aparición y desarrollo del lenguaje, como principal vía de acceso al conocimiento y comunicación con el exterior.

En definitiva, la audición supone nuestro primer contacto con el mundo, el proceso que nos abre las puertas de la socialización a través de la adquisición del lenguaje.

El maravilloso viaje interno

José López Vigil, en el libro “Manual urgente para radialistas apasionados”, nos lleva con la imaginación a un viaje a través de nuestro oído. Empezamos esta travesía entrando por el pabellón de la oreja, mientras captamos las ondas sonoras que llegan de todas la direcciones, dirigiéndonos entre un estrecho pasadizo, para después pasar por el hueso temporal, abriéndonos  paso entre los pelos y las partículas de cera, que sirve como protección a este sentido; llegamos  al final del túnel, donde nos espera como una  ventana, el TÍMPANO, donde las ondas llegan, rebotan y hacen vibrar a esta membrana tersa y tensa. Detrás  de este encontramos una palanca, que funciona con tres engranajes, formada por los huesecillos más pequeños del cuerpo humano: el martillo, yunque y estribo; en ese respectivo orden, que unidos al tímpano, vibran y permiten que la intensidad de las ondas sean reguladas, cuidando al tímpano de cualquier daño. Seguimos en el viaje, atravesando  la ventana óval, y llegando al caracol del oído. López Vigil, compara a este órgano con el mejor de los pianos.  Detrás, las teclas están unidad por ligamentos, que forman parte del nervio auditivo, siguiéndolo, nos adentraremos a los lóbulos temporales del cerebro. 

El porqué de esta descripción de la parte interna de nuestro oído es para reflexionar sobre el maravilloso proceso de transfiguración de los sonidos, algo cotidiano y trivial en nuestro vivir, pero con una naturaleza significante.

El cerebro desde nuestro nacimiento, incluso antes, desde el vientre materno, almacena y clasifica todos los efectos de sonido que le llegan, formando así una memoria auditiva.  En  la  edad  adulta  disponemos  de  una  colección  superior  a  todas  las  emisoras  del mundo. Somos capaces de distinguir a la perfección medio millón de señales de audio con distintos significados. Y  así,  contrastando  y  desechando  datos,  recordando  otras  experiencias  sonoras,  el  cerebro  nos ofrece  en  milésimas  de  segundo  una  imagen  mental  de  la  fuente  del  sonido  y  una  determinada emoción frente a ella.

La verdadera proximidad

Imaginemos que estamos yendo a nuestro centro de estudios o trabajo en transporte público, en donde con tal de no hacernos tarde, subimos y estamos apretados, como sardinas en una lata. En un lado observamos a una joven con una mano apoyándose en la manija del autobús. Esta, lleva puestos unos audífonos, mientras va tarareando la letra de alguna canción o sonriendo de lo que parece de la nada. Es en ese momento que nos preguntamos ¿quién está cerca de la joven? ¿las personas que están a su alrededor, las que chocan con ella en esa apretadera o el locutor de la radio que sintoniza, alguien que se encuentra a kilómetros de distancia, pero que le habla al oído? , un ejemplo similar fue quien nos planteó López Vigil,

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Atashi. (2011).Aprender a escuchar [Dibujo]
“El oído es el sentido de la intimidad”

Solo imagínese que la persona querida le musita alguna palabra al oído, o en vez de un beso apasionado en la boca, se lo da en el oído, ¿cierto que de pensarlo ya se estremece?, esto es porque con esa persona ya hay un grado de intimidad y confianza, y a  la audición es un excelente medio para poder transmitir cercanía, emociones, y sentimientos.

Así como el oído, la radio es un medio “casi” privado. Casi, porque a sus inicios este era un medio que reunía a la familiar alrededor de ella; pero con la aparición de la televisión, ya esta función fue dejada atrás. La radio pasó de ser un medio de masas, a ser un medio de comunicación  con un lenguaje más específico, el de los sentimientos, y en su carácter de compañía personal, y con un contenido adaptado a las necesidades de las audiencias.

Si  cambia  el  modo  de  escuchar  radio,  debe  también  cambiar  el  modo  de  hablar  por  radio.  Ya no pueden existir los locutores gritones ni vociferantes. Debemos ofrecer un lenguaje coloquial, afectivo y cálido.  Las peculiaridades del medio radiofónico condicionan la expresión hablada, el comunicador radiofónico debe ser consciente de la fugacidad del mensaje; el oyente no puede volver a  escuchar lo que se está contando, no puede comprobar si ha entendido bien la información. Su única opción es escuchar el texto en el momento, en el orden, y con el ritmo que establece el locutor. Por tanto, escribir para la radio implica saber utilizar adecuadamente el principal instrumento del comunicador, la PALABRA.

Es necesario, como comunicadores el construirnos de un adecuado lenguaje radiofónico, para ello, es importante saber qué es.

Lenguaje radiofónico es el conjunto de formas sonoras y no ­sonoras representadas por los sistemas expresivos de la palabra, la música, los efectos sonoros y el silencio, cuya significación viene determinada por el conjunto de los recursos técnico-expresivos de la reproducción sonora y el conjunto de factores que caracterizan el proceso de percepción sonora e imaginativo-visual de los radio­yentes.

(Balsebre, 2012)

Además está compuesta por cuatro elementos principales: la palabra, la música, los efectos sonoros y el silencio. Debemos tener en cuenta que cada audiencia es diferente, por lo tanto se debe reconfigurar los lenguajes de la radio, según las demandas propias de estas.

 

“La principal función de un comunicador, es escuchar”

Hacer radio es establecer comunicación. ¿Qué  es comunicar?  La  raíz  latina  indica  unión,  comunión,  tener  en  común.  El  verbo,  entonces, compromete a establecer un vínculo, a compartir algo, crear un sentido en común. Es considerar al receptor como un interlocutor, porque la radio provoca en la audiencia una relación personal, gracias a la cualidad del sonido de ser introyectado, de dar la oportunidad de quien escuche pueda recrear el mensaje de acuerdo con sus experiencias, sus vivencias y su historia. Cuando el locutor de radio, omite lo anteriormente mencionado, solo hace uso de su capacidad verbal y de las características del medio, lleva a cabo un acto exclusivamente fonético, dejando de lado la principal labor de un comunicador, que no es el de ser los portavoces y protagonistas de la información, sino ser el medio de conciliación  ante las necesidades y demandas de la sociedad.

 Es ahí donde nace una concepción de radio, por y para la sociedad. La radio comunitaria suele ser una estación de radio de corto alcance sin fines de lucro que responde a las necesidades de información de las personas que viven en un lugar determinado, en los idiomas y formatos que se adaptan mejor al contexto local. Las radios comunitarias permiten que los mismos miembros de la sociedad, asuman un rol activo y protagónico dentro de este medio de comunicación, dejando nuestra función en apoyar, capacitar y equipar de las herramientas, técnicas y medios necesarios para que se logre la sostenibilidad de la misma. El desarrollar radios comunitarias, empodera a los partícipes de estas, permitiendo regular su propio contenido, fortaleciendo su libertad de expresión, y vigorizando su cultura. No quiere decir que la tarea sea fácil, pues la principal dificultad de su permanencia es que logren una sostenibilidad, mayormente económica, pero también  una sostenibilidad social e institucional.

La pelota está en nuestra cancha, como comunicadores tenemos la responsabilidad de generar espacios de comunicación que eduquen, fortalezcan y desarrollen  nuestra comunidad.  

Imagen relacionada
Ventura, J (2014) La otra forma de hacer radio (Dibujo)

REFERENCIAS

  • Balsebre, A. (2012). El lenguaje radiofónico. Madrid: Cátedra.
  • Fernández, J. (2004). Los lenguajes de la radio. Buenos Aires: Atuel.
  • López Vigil, J. (1997). Manual urgente para radialistas apasionados. Quito: Artes Gráficas Silva

1 comentario en “Más allá del oír”

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